¡Voy al convento, y me follo lo que hay dentro!

Aquella noche íbamos a probar el nuevo establecimiento del pueblo. Se casaba Juan, el hijo del herrero, y esa noche era su despedida de soltero. A causa de la crisis, el convento del pueblo estaba al borde de la quiebra y las novicias habían conseguido el permiso de la madre superiora para poner en marcha...

Aquella noche íbamos a probar el nuevo establecimiento del pueblo. Se casaba Juan, el hijo del herrero, y esa noche era su despedida de soltero. A causa de la crisis, el convento del pueblo estaba al borde de la quiebra y las novicias habían conseguido el permiso de la madre superiora para poner en marcha una idea innovadora, con la única condición de que no llegase a oídos del obispo.

Habían acondicionado el viejo comedor de invierno como restaurante y bar de copas, en el cual después de una opípara cena nos deleitaron con un striptease de lo mas morboso. Sor Aurora demostró, una vez libre de sus hábitos, su habilidad para mamar dos pollas al mismo tiempo, la mía y la de Ramón ‘el pastor’. Nuestras pollas eran incapaces de llegar hasta el fondo de esa garganta tan profunda. Cansado de tener que hacer turnos, no me pude resistir a follarme aquel culo, que sin duda alguna estaba también acostumbrado que recibir visitas. Pero sin duda, lo mas espectacular fue como la hermana, aguanto una doble penetración sin inmutarse, para finalmente, recibir nuestras corridas sobre su lengua, tragándosela de forma lasciva.

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