Trio con dos rubias en los aseos del centro comercial

Aprovechando que tenia que comprar ropa interior, me monto un trio con dos rubias dependientas mientas una de ellas lo graba a escondidas.

Había acudido al centro comercial porque necesitaba renovar mi ropa interior. Al pasar por la tienda de una conocida marca no pude evitar fijarme en las dependientas, y de repente por mi mente pasó la idea de montar un trio con dos rubias. Entré en la tienda decidido a conseguirlo. Le pregunté a una de ellas por los slips que más marcaban, pues quería darle una sorpresa a mi novia. Cuando me los sacó, me fui a los probadores y me puse el primero de ellos. Salí en busca de su compañera para pedirle su opinión y me dijo que me quedaban realmente bien. Estábamos los tres solos en la tienda, y tenia que aprovechar esa oportunidad. Así que volví al probador y sin correr la cortina me quité los calzoncillos y me puse los otros. Pude notar que ninguna de las dos me quitaba ojo. Pagué mi compra y le dije a la cajera que qué pena que no pudiesen cerrar un ratito, porque seguro que iban a disfrutar de una buena polla en los aseos del otro lado de la galería comercial.

Dicho esto, salí de la tienda y me dirigí a los aseos antes mencionados. Entre en una cabina, me senté en retrete y en menos de diez minutos pude escuchar las inconfundibles risitas de las dos dependientas. Salí a buscarlas las cogí de la mano y las senté sobre la bancada de los lavabos. No me iba arrepentir de aquel trio con dos rubias dependientas. No deje de comerles la boca, las tetas o el coño mientras se desnudaban. Una de ellas no paraba de manosear el bolso que había traído, pero no tarde en conseguir que me prestara toda su atención cuando, abriéndole bien las piernas, hundí mi cara en su coñito mientas su amiga se masturbaba mirándonos. ¡¡Qué pechos tenia aquella mujer!! No podía dejar de lamer sus duros pezones mientras me sacaba la polla. Y empezaba a follármela. A golpe de cadera le estaba dejando marcada toda la grifería en la espalda. Su amiga, harta de contemplarnos en silencia, decidió intervenir metiéndole mano. Esto hizo que la pillase desprevenida en el momento en el que mi polla cambió de coño y dejara escapar un gritito.

Las dos amigas estaban chorreando, y la excitación hizo que casi me arrancaran la polla de un bocado cuando se lanzaron a comérsela las dos a la vez. Pero, aquel trio con dos rubias estaba siendo la mejor experiencia de mi vida hasta que un trabajador del centro comercial entró en el momento justo en el que les soltaba mi corrida en sus caritas. Cuando me hube recuperado, solo acerté a decirle: “Llegas tarde amigo, la fiesta ha terminado.”

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