Anal sobre la estrecha camilla del masajista

Lo que yo pensaba que iba a ser un simple masaje acabo siendo una follada anal en toda regla. Seguro que repito.

No lo podía creer, cuando mi madre me comento la apertura de la nueva clínica de masaje no lo dude y fui a probarla. Había una cola impresionante de mujeres de todas las edades. Desde señoras maduras hasta jovencitas. Cuando llego mi turno de entre todas las opciones de masaje elegí el anal profundo.

Cuando entré en la consulta, el masajista me pregunto por el tratamiento y me pidió que me desnudara y me tumbara boca abajo en la camilla. Empezó a extenderme un espeso aceite por todo el cuerpo. Me sorprendió que de repente me bajara las bragas. Pero me tranquilizó diciéndome que el anal profundo lo requería.

Aplicó un poquito más de aceite en la zona. Aunque me pareció notar sus dedos acariciando mi vagina, pero no le di importancia. Note como hacia unos gestos extraños y como dejaba algo caliente sobre mi mano. En un primer momento no sabia que era, pero después de recorrerlo de arriba a bajo y de que ganara dureza no me quedo ninguna duda de que era una polla. Pero no una polla cualquiera, un señor pollón adosado a dos cojones del tamaño de un melocotón. Untó su pene con mas aceite y empezó a hacerme una penetración anal.

Era una sensación indescriptible, entre dolor y placer. El mamón con la escusa de un tratamiento innovador me estaba partiendo el culo. Así que se aquello se había convertido en un polvo, seria un polvo en toda regla. Lo hice tumbarse a el en la camilla y me subí encima. Yo era la que controlaba el ritmo de la follada anal. Arriba y abajo, arriba y abajo. Peor el no tardo en hacerse de nuevo con el control de la situación. Me volvió a poner a cuatro patas y aceleró mas aun hasta acabar sobre mi culo.

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