Mi vecina se obsesiona con el lubricante

Mi vecina tiene una extraña obsesión con los lubricantes. El otro día me la encontré en el portal de la finca en la que vivimos cuando volvía del trabajo. Venia cargada con todas las existencias de lubricante de las farmacias de barrio, y cunado le pregunté que para que los quería me dijo que porque...

Mi vecina tiene una extraña obsesión con los lubricantes. El otro día me la encontré en el portal de la finca en la que vivimos cuando volvía del trabajo. Venia cargada con todas las existencias de lubricante de las farmacias de barrio, y cunado le pregunté que para que los quería me dijo que porque no la acompañaba a casa y me lo enseñaba.

Reconozco que mi vecina está un rato buena, y que más de una vez he fantaseado con calzármela, pero ni remotamente me imaginaba lo que me esperaba al cruzar el umbral de la puerta de su casa. Me contó que había hecho un curso de masajista y me pidió que fuese su conejillo de indias. A mi la situación me empezó a dar algo de morbo, y como no soy nada pudoroso acepté mientras me comenzaba a quitar la ropa. Una vez desnudo, me tumbé sobre una colchoneta en el suelo y dejé que empezase a hacer su faena. Aquella se puso a extender cantidades industriales de lubricante por mi espalda, definitivamente debe estar algo loca. Pero lo que me sorprendió fue cuando note como me restregaba todos sus pechos sobre mi espalda. Entonces, comprobé que también se había desnudado y su cuerpo también estaba cubierto de aquel espeso liquido. Cuando me di la vuelta, no pude ocultar mi erección y aquello desembocó en el polvo mejor lubricado de mi vida.

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