Mi mujer me cuenta como me puso los cuernos

Había estado mal que me pusiera los cuernos con mi amigo, pero que gracias a que me lo estaba contando, estábamos pegando el mejor polvo de nuestras vidas.

Cuando mi amigo vino a casa porque supuestamente lo había llamado yo, se extraño al ver a mi mujer ligerita de ropa. Con una risa nerviosa ella le confesó la travesura y le dijo que se había atrevido a llamarlo por la forma en la que la devora con los ojos cada vez que coinciden juntos.

Mi mujer me dijo que el al principio se había mostrado un poco reticente, pues consideraba que no estaba bien hacer lo que pretendía mi mujer, puesto que éramos amigos. Pero todos sus prejuicios desaparecieron cuando mi chica se levantó la faldita minúscula y dejo a escasos centímetros de sus manos su precioso culito redondito. Mientras me relataba como la voluntad de mi amigo, poco a poco, se iba doblegando, a mi la situación cada vez me iba excitando más. No pude evitar meter mi mano entre las piernas de mi mujer y comprobar que estaba bien húmeda.

Continuando con el relato, mi amigo le pidió que fueran a un lugar más discreto que el jardín de nuestra casa. Una vez en interior a salvo de cualquier mirada indiscreta, ambos se lanzaron a devorarse y a magrearse mientras se iba arrancando la ropa. Mi mujer interrumpió el relato con un gemido que le había provocado yo mientras la masturbaba. Le supliqué que siguiera contándome hasta el último detalle, pero que primero nos pondríamos cómodos en la cama.

Desnudos los dos y bien abierta de piernas ella, empecé a saborear un coñito mojado por el excitación. Interrumpiendo únicamente mis labores para preguntarse si era así como se lo comía mi amigo del alma. Ella me reconoció que yo hacia mucho mejor. Le pregunté si se había mamado, y cuando respondió afirmativamente le pedí que me lo hiciera como si fuese la polla de mi amigo la que tenia en esos momentos delante. Ella seguía sin entender muy bien lo que pretendía, pero la excitación la hacia obedecer como una buna chica.

Cuando ya tenia la polla bien ensalivada, se la restregué por las tetas. Ella comprendió lo que quería, y con sus manos hizo que sus prominentes pechos envolvieran mi falo. Le pregunté si mi amigo le había follado así las tetas, y ella respondió afirmativamente de nuevo. Le pregunté que más habían hecho y ella me hizo recostarme sobre la cama, y subiéndose a horcajadas se fue introduciendo mi polla que estaba apunto de explotar por su coñito. Inició una leve cabalgada, pero enseguida fui yo el que empezó a culear mientras ella seguía gimiendo, y lagrimas de culpa empezaban a brotar de sus ojos.

Sin sacarle la polla, le empecé a susurrarle al oído. Le dije que no había motivo para aquel llanto. Que había estado mal que me pusiera los cuernos con mi mejor amigo, pero que gracias a que me lo estaba contando, estábamos pegando el mejor polvo de nuestras vidas. Ella continuo llorando mientras entre pucheros me pedía perdón. Yo ignorándola, la puse a cuatro patas, y continúe follándomela. No volvimos a hablar hasta que después de llenarse su preciosa carita de leche, le dije que estaba perdonada. Pero que la próxima vez que quisiera follar con otro tío, yo también quería estar presente.

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