Mi cuñada me provoca hasta que me la follo

Desde siempre me había puesto mi cuñada, no lo que no imaginaba era que la atracción era mutua. Y que follaríamos sobre el lecho que compartia con mi mujer.

Toda vía no se como cojones mi cuñada se coló en nuestra casa, mientras mi mujer salía a comprar y yo me daba una ducha. Cuando salí del baño, me la encontré desnuda sobre la cama, únicamente cubierta con el jersey que me acaba de quitar. Su mirada lasciva, y su forma de contornearse sobre la cama, mientras descubría cada centímetro de su piel, hizo que se me pusiera dura al instante.

Ella estaba bien abierta de piernas, masturbándose sobre el borde de la cama. Mi voluntad terminó de ceder en ese momento, y arrastrándome por el suelo me acerque a ella hasta que pude lamer ese coñito que se notaba recién rasurado. Sus manos pasaron masajear sus pechos y yo decidí pasar directamente a follármela. Ella gemía como una gatita con cada embestida de mi polla.

Estuve un buen rato dándole bien duro, hasta que se decidió a introducirse mi polla en su boca. tuvo que contener una leve arcada pero no tardé en notar su aliento sobre mis testículos. Su lengua se recreaba en el contorno de mi falo a un ritmo que me estaba llevando a la desesperación. Así que decidí librarme de su boquita y volvía follarme la con la intensidad que las ganas de disfrutar de aquel fruto prohibido requerían. Cuando mi polla empezó a escupir trallazos de semen, busqué de nuevo su boca para que los recogiera todos. Debíamos darnos prisa en arreglar todo aquel desorden, pues mi mujer no tardaría en volver.

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