Me come el coño Melchor pero se olvida de mis regalos

Era un chico de apariencia joven para la edad que decia tener. Lo que no me quiso decir era a que se dedicaba, cuando se lo pregunté, va y me come el coño.

Esta tarde, en el centro comercial, he conocido a un chico que con simplemente mirarnos a los ojos sabíamos lo que andábamos buscando cada uno. Sin decirnos nada, lo he cogido de la mano y me lo he llevado a mi apartamento. Menos de quince minutos después de conocernos ya me estaba comiendo la boca en el futón de mi salón. Era un chico de apariencia joven para la edad que decia tener. Lo que no me quiso decir era a que se dedicaba, cuando se lo pregunté, el tio, va y me come el coño.

Sin, ni siquiera, saber aun su nombre, me ha quitado la ropita y se ha puesto a jugar con su lengua en mi coñito, a la vez que me iba metiendo algún dedo. No se donde había estado ese hombre todo este tiempo, pero me estaba dando más placer en un ratito que el que había conseguido acumular a lo largo de una promiscua vida. Aquel mago del sexo aun aguardaba otra sorpresa, pues cuando llego la hora de follarme, lo hizo de tal manera, que su polla entraba en mi como una espada desgarrando la carne, y en lugar de brotar sangre, lo que allí emanaba era un infinito deleite. El cual no seria capaz de devolver ni aun pasando el resto de mi vida amorrada a aquella polla. Una polla a la que dediqué todas mis atenciones, la chupé y la masturbé con todas mis energias. Y cuanod finalmente de ella brtó ese espeso manjar, lo saboreé y extendí por todo mi cuerpo. Luego el se vistió y se marchó diciendo que esta noche tenía trabajo. Desde la puerta me susurró mi nombre es Melchor.

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