Me la follé en el cuarto de baño

Mi compñaera de piso entra ene lc uartod e baño mientras me estoy bañando, me provoca hasta que se me pone dura, y me la follo hasta correrme sobre ella.

Aquella mañana Liana no había reparado en mi cuando entro al baño. Desde hace unos meses y por culpa de la crisis compartimos piso. Y aunque, es una chica que tiene un polvazón, me gusta respetar la norma no escrita de no follarme a las compañeras de piso.

Aquella mañana de este caluroso noviembre solamente llevaba puesto una camisera que le cubría los pechos y una braguita. Mientras se lavaba la cara yo observaba desde dentro de la bañera, cubierto de agua hasta el cuello y, como es normal, totalmente desnudo. Desde mi posición tenia una visión perfecta de su culito, y mi mente calenturienta se puso a funcionar provocándome una erección en el acto.

De repente nuestras miradas se cruzaron a través del espejo, ella me pillo mirándole el culo, y con una risita tonta en la boca se acercó a la bañera. Me resistir a cubrir mi erecta polla para dar apariencia de normalidad. Y ella me pidió que le hiciera sitio. Sin quitarse la poca ropa que llevaba encima se metió en la bañera, sentándose sobre mis piernas, y dejando mi polla, que estaba a reventar, apretujada entre nuestros torsos. Nuestros labios se sellaron, y como pude le quite las braguitas y me puse a jugar con su coñito, suave y depilado, debajo del agua.

Dejando caer los tirantes de su camiseta, aparecieron ante mi dos turgentes tetitas, que no tarde en devorar, haciéndola gemir cada vez que mis dientes rozaban uno de sus pezones.

Salimos de la bañera, y sobre el mismo borde, nos turnamos para saborear nuestros sexos. Primero fui yo, y pude comprobar la doble humedad de su coñito, y luego ella, la que se metió mi polla hasta el fondo de la garganta.

Nos escurrimos sobre el suelo del cuarto de baño, y ella se fue hincando mi polla en lo mas hondo de sus entrañas, no dejando de gemir en ningún momento. Ella quiso llevar la iniciativa en todo momento, y así fue hasta que no pudo más, y todo su cuerpo tembló en mis manos. Sin salirme de su interior, la recosté sobre el frio suelo, y continúe follándomela hasta que se corrió de nuevo. Entonces, saque mi polla de su coñito y me estuve masturbando hasta descargar toda mi corrida sobre su cuerpo. Volvimos a besarnos, y antes de que nuestra agitada respiración volviera a la normalidad, mi polla estaba pidiendo de nuevo guerra. Pero para esta vez buscaríamos un sitio más cómodo.

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