No me lo podía creer, había quedado después de clase con el tío más bueno del barrio, Javier, el capitán del equipo de futbol. Todas mis compañeras hablaban maravillas de él. Que si la tenia grande, que si la tenia gorda, que si no veas como se maneja con la lengua.

Habíamos quedado en su casa. Nada más llegar se puso cariñoso conmigo, mientras poco a poco me iba desnudando. No paraba de sobarme las tetitas mientras me comía la boca. El corazón me iba a mil por hora. Me sentó en un taburete que había por el salón, y subiéndome la faldita dejó al aire mi coñito recién depilado. Cuando se puso a jugar con su lengua en mi clítoris no pude evitar empezar a gemir como una loca. Gemidos que solo pararon cuando mi boca estuvo ocupada con su polla. Me esforcé en hacerle la mejor de las mamadas, y para se mi primera vez creo que no tuvo queja.

Mientras nos terminábamos de desnudar, yo ya sabia que había llegado la hora, por fin lo iba a tener dentro de mi. Para una vez que me follo a un tio bueno como este, no es que me gustase darle la espalda, pero hasta en eso el tiene que sentir que tiene el control. Empezó metiéndomela muy despacito, luego fue subiendo el ritmo. Lo notaba ansioso, no se porque, porque me tenia totalmente entregada, era suya, y en ese momento podía hacer lo que quisiese conmigo.

Me puso a cuatro patas, sobre mis rodillas y empezó a culearme de nuevo, noté como su cuerpo se tensaba y no pude evitar contraer los músculos de mi pelvis volviéndolo loco de placer. Me la sacó de golpe, y mientras se masturbaba, me dio la vuelta bruscamente y ser corrió encima mío.

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