Marisa es mi profesora de literatura de la universidad. Desde el primer día de clase habíamos congeniado bastante, y cuando le dije que estaba acabando el borrador de mi primer libro me pidió entusiasmada si podía ser la primera en leerlo. Yo no cabía en mi de gozo, y no dude a invitarla a mi piso para que le echase un vistazo al libro.

El día ha llegado, me he desecho de mi compañeros de piso y lo he preparado todo para dejar testimonio de lo que espero que sea una divertida tarde de sexo entre letras. Cuando ha llegado Marisa me ha quitado el borrador prácticamente de las manos, y tras hacerle un par de comentarios sobre la historia le he dicho que a mi me gusta comentar mis obras mientras follamos.

Entonces, sin mostrar reparo alguno a mis costumbres muy cariñosamente me ha ido sacando el pene para llevárselo la boca mientras yo le iba describiendo a los personajes. Llegado un punto, le he tenido que pedir que parase o corría el riesgo de no enterarse del final de la historia. Ahí ha sido, cunado sentada en el sofá, con el culito en pompa se la he metido hasta las entrañas mientras avanzaba en el desenlace de la historia. Después de correrme, y haciéndome notar que no perdía la erección le he revelado que mi obra en realidad es un trilogía, y que estaba preparado para contarle el segundo tomo.

282012
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