Madurita follada por dos pollas jóvenes como regalo de Navidad

Una madurita se encuentra con los amigos de su sobrino el día de Navidad, y no se le ocurre otra cosa para agradecerles la ayuda que follárselos a a los dos

Cuando llegué a la casa familiar la mañana de Navidad me encontré con Luis y Tomás. Dos amigos de mi sobrino que habían venido al chalé de los abuelos a montarse su particular fiesta de Navidad. He de reconocer que los amigos de mi sobrino están bastante buenos. Y ya que la familia tardaría un rato en volver no pude evitar fantasear con montarme un trio con ellos, y sentir sus vigorosas pollas follándome a la vez. O corriéndose en mi boquita.

No tardaron en ofrecerse a ayudarme a instalarme en la casa. Una vez dentro los dos se me quedaron mirando como cuando el botones de un hotel espera la propina. Abrazándolos a los dos por detrás les pedí con voz sensual que fuesen ellos lo que me diesen una recompensa.

Automáticamente las manos de los dos fueron directa a mis voluptuosos pechos. Algo que después me confesaron que se morían por hacer. Se pelearon por comerme la boca, pero me libre de ellos, y tomé el control arrodillándome y bajándole los pantalones a ambos. Dos enormes pollas jóvenes brincaron una vez quedaron libres. Las estuve mamando alternativamente hasta que estuvieron bien duran y brillantes. Entonces llegó la hora de que yo enseñara más carne.

Me dejaron sola mientras me desnudaba, estaban nerviosos por follarme y no repararon en mi hasta que me abalancé sobre Luis, el mas rubito a masturbarlo y comerle de nuevo la polla. Tomás se movía detrás de mi pero no imaginaba lo que iba hacer. Una libre de las ataduras de su ropa, hundió su cabeza en mi culito, y noté como su lengua acariciaba mi clítoris. Dejé escapar un gemido de placer que Luis ahogó metiéndome otra vez la polla en la boca.

Tomás estaba ansioso por hincarme su duro trozo de carne, y enseguida abandono la placentera comida de coño que me estaba dando. Con casa embestida por su parte la polla de su amigo se hundía más y mas en mi garganta. No pude evitar sentirme empalada en cierto modo, y sentí la necesidad de revelarme de nuevo y cabalgar a Luis mientras tímidamente mamaba a Tomás. Al final entre los dos consiguieron someterme, y es que cuando noté su pollas penetrándome a la vez un extraño escalofrío recorrió todo mi cuerpo. De repente, los dos tuvieron prisa por ponerme de rodillas y entonces comprendí lo que iba a pasar a continuación. Los dos chicos iban tan coordinados, que terminaron llenándome la cara con su leche calentita a la vez.

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