Madre follada por el inocente amigo de su hijo

No pude evitar pensar que el amigo de mi hijo era todo un yogurin y que tenia pinta de cumplir los deseos una mujer madura para ser una madre follada.

Acababa de salir de la ducha cuando me pareció oír un ruido en la puerta de mi dormitorio. Cuando me asomé, allí estaba Edgar, el mejor amigo de mi hijo. El chico sorprendido y balbuceando me dijo que mi hijo se había ido al supermercado a comprar algo de merendar y que el subía a su habitación a por un videojuego. Yo, que me iba envuelta en una toalla le indiqué que puerta era la habitación de mi hijo y volví a terminar de arreglarme. En ese momento note humedad en mi entrepierna, y no era motivada por la ducha. No pude evitar pensar que el amigo de mi hijo era todo un yogurin y que tenia pinta de cumplir los deseos una madre para ser follada.

Cuando salí de nuevo del baño, me lo encontré sentado encima de mi cama. Rojo como un tomate y esta vez siendo incapaz de decir nada. Me senté a su lado. He de reconocer que la situación me estaba dando cierto morbo. Yo desnuda, envuelta en un toallón, y un chico de la edad de mi hijo en mi dormitorio, mirándome fijamente. Me senté junto a él y le pregunté si ocurría algo. Después de intentar arrancarse a hablar varias veces me dijo que le gustaba mucho. Me pareció no entender muy bien lo que había dicho y le pedí que me lo repitiera. Y el me repitió que le gustaba mucho, y que desde hacia meses estaba presente en todas sus fantasías sexuales. Después de decirme eso mi coño estaba en plena ebullición, y el chico cortado, apunto de llorar y de salir corriendo. La posibilidad de convertirme en una madre follada por el amigo de su hijo me estaba excitando. Tenia que hacer algo para que se relajara, así que deje caer mi toalla y de arrodille delante de él, dispuesta a hacerle la mamada de su vida.

Mientras me metía aquella polla en la boca no podía dejar de pensar que aquel chico podría ser mi hijo, y eso hacia que le pusiese más ganas, que mi lengua se volviese loca y mi respiración fuese más agitada. Algo habitual en Edgar ya, tardó en salir del trance en el que yo lo había metido, y cuando lo hizo me tumbó sobre el filo de la cama y empezó a follarme con toda sus energías. El chico no podía apartar su mirada de mis tetas bamboleándose al ritmo que el iba marcando. O parábamos un poco, o el muchacho se iba a correr demasiado pronto. Así que probamos alguna postura más y pareció encontrarse bastante cómodo follándome por el culo. Terminó llenando mi boca con su joven leche, y siempre nos quedó la duda de si nos llegó a pillar mi hijo mientras estaba siendo su madre follada por su mejor amigo.

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