Le gusta chupar pollas grandes y aqui está la mía

A Marlene le gustan los hombres con una buena polla y siempre que quedamos me premia con una buena mamada. Todavía no he conseguido que me deje follármela.

Ella es una rubia de ojos de un azul penetrante que estremece solo de mirarla fijamente. Nos conocemos desde hace tiempo y aunque de vez en cuando me come la polla todavía no he conseguido que me deje follármela.

El otro día estábamos en mi casa después de un largo día de trabajo y como siempre, acabo de rodillas. En cuando note su aliento sobre mi polla se me puso dura. Me la sacó por la cremallera del pantalón y sin esperar a que le diera permiso se la introdujo en la boca. Sus labios y sus manos ejercían la presión justa a lo largo del tronco de mi falo para volverme loco. De esta vez no pasaba, me la tenia que follar.

Cuando conseguí liberar mi polla de sus fauces, le pedí que se sentara en el sillón del salón de mi casa. Metí mi mano entre sus piernas y, sorprendido, descubrí que no llevaba bragas. Le arremangué el vestido por abajo, a lo que ella respondió bajándoselo por arriba para dejar sus pechos al aire. Sin bajarme los pantalones se la fui metiendo por el coñito depilado mientras ella gemía de puro vicio.

Mientras follábamos me fui liberando de la ropa, y ella aprovechaba la menor ocasión para volver a introducirse mi mástil hasta el fondo de la garganta. Marlene vivía obsesionada con tragarse mi polla, y para conseguir que se olvidara de ello la puse a cuatro patas para poder follármela de nuevo. Deje que poco a poco se fuera colocando encima de mi hasta que la convencí para que me cabalgara a cambio de una espesa y caliente corrida directa al fondo de su garganta. Mientras la degustaba, de sus ojos brotaban lagrimas de felicidad.

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