Le agredecí su ayuda follándomela sobre la mesa de su cocina

Nos arrancamos la ropa sin que nuestras lenguas perdieran el contacto. Le puse el culito en pompa sobre la encima de la cocina y la fui penetrando.

Definitivamente estaba perdido. Me acerqué a un grupo de casas a pedir alguna indicación. En la primera que llamé me abrió la puerta un joven con un vestido vaporoso que se ofreció a darme algo caliente de beber mientras consultábamos los mapas.

Definitivamente aquel sitio parecía no existir, y cuando estaba apunto de regresar por donde había venido. Aquella joven desconocida hizo a un lado todos los papeles y se lanzó a comerme la boca. rápidamente sus manos intentaban desabotonar mi camisa, sin mucho éxito, hecho mano a los botones de mis pantalones. Cuando estos se escurrieron por mis piernas, ella humedeció con su boca la tela de los calzones consiguiendo que se mercara bien mi duro cipote bajo el tejido. No tardó en deshacerse también de ellos y con mi falo a su entera disposición lo tragó hasta donde pudo masturbándome cuando no era capaz de alojar aquel pedazo de carne en su boca.

Nos arrancamos la ropa sin que nuestras lenguas perdieran el contacto con la piel del otro. Cuando ya la tenia desnudita, le puse el culito en pompa sobre la encima de la cocina y la fui penetrando. Su estrechito coño se cerraba en torno a mi pollón como un guante. Los jadeos brotaban de su boca mientras poco a poco la mitad de mi polla ya estaba dentro de ella. En aquella postura iba a ser difícil que entrase toda, así que la tumbé sobre la mesa y abriéndola bien de piernas lo intente de nuevo. Su rajita continuaba oponiendo resistencia, probé a liberarla un poco de la tensión jugando con mi lengua en su clítoris. Aquello parecía dar resultado.

Cuando me subí yo encima de la mesa y la dejé que me cabalgara su coñito tragón ya rozaba mis pelotas. Ella impuso un ritmo infernar que no pudo mantener mucho tiempo. Podía notar la humedad de su coño recorriendo toda mi polla. Tomando yo de nuevo el mando volví a follármela esta vez sin piedad. Sus gritos de dolor no consiguieron que me detuviese. Y cuando por fin noté que se acercaba el final, rocié todo su cuerpo con mi espesa y abundante leche. Antes de que ella con sus labios exprimiese bien mi cipote hasta conseguir extraer la última gota de mi néctar que no dudo en paladear, poniendo así fin a aquella extraña mañana fuera de mi rutina normal.

Sitemap | Contacto | © 2011 Pornodosis - Adictos al porno!