Desde que comencé a salir con chicos, mi padre se ha preocupado porque lo hiciese siempre con chavales bien, responsables, de buena familia y aplicados en los estudios, en definitiva con los muermos que prefieren pasarse una tarde estudiando en lugar de tocando teta.

Antoñin es distinto, es el hijo de uno de los trabajadores del taller de mi padre. El chico no sabe hacer la “O” con un canuto, pero no veas como me come el coño. Sobre todo, lo que más me gusta es su polla, me gusta jugar con ella, meterme la en la boca, en el coño o que me folle el culo. Y cuando se corre sobre mi cuerpo, me gusta mirarlo a los ojos mientras él intenta hilar un par de frases hasta donde le permite su limitado romanticismo. Antoñin no tiene muchas luces, pero con él paso la tarde la mar de entretenida y si encima hago un poco más infeliz a mi padre, ¿qué más puedo pedir?

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