La primera vez que enculé a mi novia

Ella se retorcía de placer mientras mi boca iba de su coñito a la rajita de su culo. Mis dedos intentaban penetrarla como anticipo a lo que venia después.

Estábamos nerviosos, yo más que ella. Aunque lo mío era más ansiedad que nervios. Ansiedad por sentir mi polla bien apretadita dentro de su culo. Y es que, todavía no me creo que aceptase que la enculase después de habérselo propuesto montones de veces y haber obtenido una negativa como respuesta.

No estaba pendiente de lo que ella me decía, solo quería arrancarle de las manos lo que tenia y empezar a devorar su cuerpecito. Y así lo hice. Primero le quite la camisetita dejando al aire su pechos duritos. Jugué con sus pezones, mientras ellos se erizaban. Nos fuimos arrancando la ropa, y para mi sorpresa ella decidió tomar la iniciativa. Me bajo los pantalones y una vez liberada mi polla morcillona, se la metió en la boca. La estuvo mamando hasta que me la puso bien dura y entonces fui yo el que probó el sabor de sus flujos.

Ella se retorcía de placer mientras mi boca alternaba entre su coñito y la rajita de su culo. Mis dedos intentaban penetrarla como anticipo a lo que venia después. Y entonces cuando ella pensaba que se la iba a meter por detrás, se la clavé entera por el coñito. Aquella inesperada penetración hizo que se corriera en el acto. Con sus piernas aun temblando entorno a mi cintura, continué embistiendo hasta que decidí cambiar de agujero.

Sus gemidos de placer se transformaron en grititos de dolor. Cambiamos un par de veces de postura pero ella parecía no estar cómoda. Yo sin embargo, tenia la polla cada vez más y más dura. Aquella sumisión por su parte me estaba excitando. Por su carita caían gotas de sudor frio. Y cuando por fin consiguió liberarse de mi, se lanzó de nuevo a devorar mi polla hasta conseguir que le llenara la boca con una espesa corrida.

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