La masajista se puso a masturbarme y me la follé

Mi mujer involuntariamente me empuja a engañarla, regalándome un masaje que termina conmigo embadurnado de aceite y follándome a la masajista.

Cuando mi mujer me regalo aquella experiencia en un spa para mi cumpleaños, ningún de los dos imaginábamos como iba a terminar aquello. Después del típico recorrido de piscinas con distintas temperaturas, piedras de rio y chorros, me esperaba un masaje especial con final feliz.

Entre en la habitación con a decoración demasiado rancia para mi gusto, y la chica que me estaba esperando me indico que me tumbara boca abajo en la camilla. Empezó a masajearme los hombros, y rápidamente bajo por toda mi espalda hasta llegar a mi culo. Me bajo la toalla y me masajeó las nalgas con abundante aceite corporal. A estas alturas mi polla estaba bien dura, apretujada entre mi estomago y la camilla.

Me volvió a cubrir con la toalla, y me pidió que me diera la vuelta. Mi erección formaba una tienda de campaña bajo la tela, que la hacia imposible de disimular. Retomó el majase a la altura de mi ombligo, y sus manos bajaron por mi vientre hasta encontrarse con mi falo bajo la toalla. Extendió un poco más de aceite sobre mi polla, y empezó una lenta paja. A estas alturas, ya se había desecho de la camiseta, y se colocó mi polla entre sus tetas. Una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo, y ella ante la amenaza de una inminente corrida por mi parte, se subió en la camilla, dejando que poco a poco le fuese penetrando.

Los remordimientos empezaron en ese mismo momento, y deje de embestir sacando la polla chorreando de su interior. Entonces ella decidió poner fin a aquella sesión masturbándome de nuevo hasta hacerme eyacular sobre sus pechos.

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