La insaciable

Me había pegado 300 kilómetros de viaje en autobús para asistir a aquella infumable boda. Y todo por una promesa que le hice a la novia, una antigua compañera de colegio. Después, de una interminable ceremonia, y el posterior banquete, de comida pija pero escasa, llego la hora de ir a la discoteca. Allí conocí...

Me había pegado 300 kilómetros de viaje en autobús para asistir a aquella infumable boda. Y todo por una promesa que le hice a la novia, una antigua compañera de colegio. Después, de una interminable ceremonia, y el posterior banquete, de comida pija pero escasa, llego la hora de ir a la discoteca. Allí conocí al hermano del novio. Un chaval blanquito de piel, que contrastaba con el moreno que luzco durante todo el año, apoyado en un rincón de la barra y que no le quitaba el ojo a ningún de las amigas de su nueva cuñada. Al principio me hizo gracia, peor conforme fue pasando la noche y el alcohol fue haciendo su efecto, empezó a excitarme aquel cabrón, salido y con cara de pajillero.

Así que hice una repaso rápido a todas mis armas de mujer, y me lancé al ruedo. Me acerqué al chico le cogí de la mano y le dije, chaval, estás de suerte. Lo llevaba arrastrando por el pasillo del hotel donde ese celebraba la boda hasta mi habitación, el chico apenas podía articular palabra ya que no salía de su asombro.

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