Jovencita de coño ardiente quiere que le apague el fuego

Ella necesitba una polla y yo estaba dispuesto a proporcionársela. Tenia que quedar bien claro quien mandaba y creo que conseguí imponerme a su lujuria.

Cuando entré en la habitación ella estaba retorciéndose mientras sus manos acariciaban cada centímetro de su cuerpo por encima de la poca ropa que llevaba puesta. Podría haberme quedado toda la vida contemplando como jugaba con su propio cuerpo, pero no pude resistirme a interrumpir y unirme a su fiesta particular.

Poco a poco le fui bajando las bragas dejando libre su culito respingón. Ella observaba ansiosa ansiosa cada uno de mis movimientos y un suspiro de relajación escapo de su boca cuando mis manos entraron en contacto con su coñito. Sus manos ociosas pronto encontraron entretenimiento en mi abultada entre pierna. Nos estábamos masturbando mutuamente en lo que eran los prolegómenos de otro polvo espectacular.

Cuando mis labios rozaron su coñito ella apretó su mano entorno a mi polla y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Pronto encontramos la postura más cómoda para saciar nuestra necesidad de saborear el sexo del otro en un sesenta y nueve. Antes de ensartarla en mi polla y dejar que liberase toda su fogosidad cabalgándome. Poco a poco fui imponiendo un ritmo infernal que termino con ella a cuatro patas y conmigo follándola por detrás hasta correrme dentro de ella.

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