A Suzette siempre la ha gustado ir al pueblo a visitar al abuelito. Pero desde que murió la abuelita, ha encontrando un placer indescriptible en sus largas estancias en la casa familiar, cubriendo algunas de las necesidades de su abuelo. Suzette es una preciosa joven rubia, con un buen par de tetas y un culito de infarto. Ademas tiene una extraña debilidad por lo maduritos. Ya intento follarse a su padre, pero era demasiado joven para ella. Probó con gente más mayor, pero no les faltaba la relación carnal que tiene con su abuelito.



Cuando Antón ha terminado de ordeñar a las cabras, Suzette le sube todos los días el almuerzo. Y antes de llenar el estomago, a ella le gusta hacerle una buena comida en la puerta del establo. Arrodillada ante su abuelo, y con las tetas al aire, Suzzete se mete la polla hasta lo mas profundo de su garganta. Y cunado el hombre, después de un largo día de trabajo, se pone a tono, ya con la polla bien enhiesta, la encula mientras los animales observan como dejan a un lado la cordura que se le supone por ser humanos y sacian sus deseos más irracionales. A estas alturas el culito de Suzette da muestras de estar bien dilatado, y Antón aprovecha para comerle el coño mientras le mete varios de sus rudos dedos de pastor. Están solos ellos dos, no hay prisa, ellos lo saben, nadie les espera, y el polvo se puede alargar lo que haga falta. Pero lo que esta claro, es que Suzette acabará ordeñando a su abuelo y recibirá una buena corrida calentita en su boca.
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