Joven rubia con una insaciable sed de leche caliente

Una jovencita viciosa suplica que me la folle y le acabe llenando su boquita de leche caliente. Yo me hago de rogar hasta que se la acabo metiendo.


Carla era una chiquita que era pura pasión. A aquella joven le brillaban los ojos como si dos llamas ardieran en ellos. Cuando se quitó la ropa y se quedo solo con aquel picardías me costaba tragar saliva. Es verdad que no tenia un cuerpo de infarto, ni unas curvas que quitaran el hipo. Pero la forma de moverse desprendía tanta lujuria que mi polla estaba tan dura que a punto estuvo de reventar los pantalones.

Cuando dejó al aire sus pechos, no demasiado grandes, pero tampoco excesivamente pequeños, y se quitó las braguitas no pude resistirlo más y mientras se masturbaba con un dedito me acerqué sigilosamente dispuesto a follármela. Mi mano tomó el relevo de la suya, podía notar el calor húmedo de su entrepierna. Poco a poco fui acercando mi boca a su vagina y mi lengua se deleitó con el sabor de su coñito.

Después fue ella la que se zampó mi polla, dura como una roca. Los certeros movimientos succionando en torno a mi capullo dejaron en evidencia que era toda una experta chupando polla. Su profunda mirada no hacia más que excitarme mientras se iba introduciendo mis testículos en su boca, primero uno y luego el otro.

En un gesto de total sumisión, puso su culito en pompa para que me la follara. El más largo de mis dedos jugaba maliciosamente a entrar primero en su culito y luego en su vagina de forma alternativa. Su respiración agitada la delataba, suplicaba que se la metiese ya, pero esta rubia viciosa no reconocería jamás que se moría porque la penetrara. Tampoco quería hacer de malo y muy despacito se la fui metiendo, la excitación de ambos hacia que mi polla entrase y saliese sin ninguna dificultad, y poco a poco fui aumentando el ritmo hasta acabar corriéndome en su carita de joven zorra.

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