Hermana madurita me folla sin que se entere mi cuñado

Hacia años que mi hermana madurita no veía mi polla y se iba a llevar una grata sorpresa cuando me pide que me la folle.

El otro día estaba estudiando en mi habitación cuando mi hermana llego de visita a casa. Mi hermana madurita esta felizmente casada y con dos niñas. Se acercó a mi por detrás y empezó a acariciarme el pelo. Yo no levante la vista de los libros. En eso noté que estaba oliéndome el pelo.

-Todavía hueles a bebé- me dijo.

Yo me puse rojo, no sabia contestar.

-Vaya, no me digas que te avergüenzas.- Añadió- Todavía recuerdo cuando te bañaba por las tardes- Sus mano acariciaba uno de mis brazos y buscaba hueco hacia mi pecho.- Eras un niño muy mono- Bajaba por mi tableta de chocolate- Rubito- Posó su mano sobre mi paquete- Y también te empalmabas como ahora. Pero ahora tienes polla de hombre-Apretó con fuerza.- ¿No se la vas a enseñar a tu hermana madurita?

Cerré el libro de golpe, me giré y la mire fijamente a los ojos. Empezó a morderse el labio inferior con lujuria. Me cogió, de la mano y me arrastró sobre la cama. Aguantó mi cabeza con fuerza mientras me comía la boca, para que no pudiera escapar. Pronto dejé de resistirme y empecé a dejarme llevar por la situación, no sabia donde iba a acabar aquello. Mi hermana madurita, me sacaba diez años y estaba casada, pero yo ya no podía pensar en ello. Tenia a una rubia imponente delante de mi y me la iba a follar, estaba decidido.

Mientras nos desnudábamos seguíamos besándonos. Sus tetas también habían crecido, mi hermana madurita había alimentado a dos niñas. Mis manos jugaban con la tela de sus braguitas. Me dio un ligero empujón y me tendió sobre la cama. Cuando libero mi polla erecta se puso a jugar con su lengua en mi rosado glande. Me sacó los calzoncillos y fue directa a tragarse toda mi polla hasta el fono.

Le quité las braguitas y con mi lengua saboreé los flujos que emanaban de aquel coñito que antaño había observado con la curiosidad de un niño y sin ninguna motivación sexual. Mi hermana madurita tenia una vagina como un chica de dieciocho años. Poco a poco se fue subiendo encima de mi polla. Ella marcaba el ritmo y yo seguía lamiendo sus pezones. Luego la puse a cuatro patas y le estuve dando por detrás mientras esas ricas ubres se bamboleaban sin control. Necesitaba volver a saborear el coño de mi hermana madurita y así es como me corrí entre gemidos de los dos.

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