Fui a que me dieran un masaje con final feliz

Cuando el orgasmo ya era inevitable me hizo sentarme en el borde de la camilla, donde me corrí después del mejor polvo de mi vida, mientras ella me pajeaba

Mis amigos me habían recomendado aquel sitio. Era el local de moda entre los hombres de la ciudad, y la verdad es que me costó que me dieran cita. Nada más llegar la recepcionista me enseñó un catálogo con la lista de precios y ‘las profesionales’ que prestaban el servicio. Me pareció un poco extraño pero escogí un chica al azar y pagué por adelantado un servicio estándar con final feliz. La recepcionista me señalo una puerta y me pidió que entrase y me fuese quitando al ropa.

Cuando ya casi estaba en calzoncillos, una chica entró con unas toallas y me pidió que me tumbara boca abajo sobre la camilla mientras ella comenzaba a untarse las manos con una aceite corporal, que luego comprobé que estaba algo tibio. Sus manos empezaron a recorrer mis pies y piernas en dirección ascendente hacia mi culo. Al llegar al contorno de mis nalgas pasó directamente a la parte superior de mi slip, y con las manos bien aceitadas amasó primero una nalga y después otra por debajo de la tela.

Mi polla a estas alturas estaba algo morcillona. Y cuando ella me pidió que me pusiera boca arriba me ruboricé un poco por lo que pudiera pensar. La chica acostumbrada a estas reacciones de sus clientes no hizo mención alguna a mi semi erección. Pero en ese momento no pude evitar fijarme en sus enormes pechos y como se le trasparentaban grandes y redondos pezones. No había reparado que tenia sus manos acariciando mis ingles. Y mucho menos era consciente de que mi polla ya estaba totalmente dura. Para mi solo existían esas dos grandes tetas.

No tardó en remover la única pieza de ropa que cubría mi dura salchicha. Y nuestras miradas se cruzaron por primera vez. Seguía sin entender lo que estaba pasando, pues toda mi sangre se concentraba en una parte que impedía que mi cerebro procesara todo aquello. Ella vertió el cuenco de aceite sobre su escote, y subiéndose en la misma camilla se abalanzó sobre mi introduciendo mi cipote entre sus pechos y bajo su camisetita. Inmóvil, no sabia que hacer. Aquella chica me estaba masturbando con sus tetas. Mis amigos no me habían avisado de esto, yo pensaba que venia a que me hicieran un simple masaje.

Un cosquilleo entre las piernas me sacó de aquella obnubilación. La chica lo debió de notar, y antes de que me corriera libero mi polla. Se sacó la camiseta y secó los restos de lubricante que corrían desde mi capullo hasta mis huevos. Fugazmente le dio un lengüetazo, y después de quitarse los pantalones ajustados que llevaba y a horcajadas sobre mi, se fue introduciendo mi pollón por su coñito. Por primera vez intenté tomar la iniciativa, pero ella me detuvo en seco, diciéndome que el cliente no puede tocar. Empezó a cabalgarme a un ritmo frenético, y cuando el orgasmo ya era inevitable me hizo sentarme en el borde de la camilla, donde me corrí después del polvo más extraño de mi vida, mientras aquella masajista me masturbaba como toda una profesional.

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