Follando con mi cuñada el dia mi boda

Coloqué mi polla entre las tetazas de mi cuñada, ella consiguió introducirse la cabeza de mi polla en la boca Y la inundé con mi última corrida de soltero.

Mi cuñada vino a visitarme la mañana de la boda. Como su hermana, es una preciosa joven que lo sabe, y a la que le gusta ir demostrándolo. Se ofreció a ayudarme a preparar la maleta para el viaje de novios. Nos fuimos a la habitación, y mientras yo iba guardando mis cosas, ella se sentó de manera sensual sobre la cama. Podía notar como me devoraba con su mirada lasciva. Y cuando ya no lo soportó más empezó a hablar.

-Que suerte mi hermanita, menudo tiazo se lleva.

Yo no estaba pendiente de lo que decía, seguía a lo mío. Y ella continuaba intentando llamar mi atención.

-¿Qué viste en ella que no te pueda dar yo?- me preguntó.

Me quedé mirándola sin poder contestar. La verdad es que se parecen bastante, incluso puede que ella esté mas buena que mi novia.

-Te voy a dejar las llaves de la casa para que me riegues las plantas- casi le ordené, mientras me sentaba en la cama junto a ella con la llave en la mano.

-Sin ningún problema.- respondió.- ¿Pero que me das a cambio?

-Lo que tu me pidas preciosa- Le contesté con una risita nerviosa

-Quiero tu último polvo de soltero.

Petrificado, observe como ella se iba subiendo sobre mi. Sus labios buscaban los míos, y yo era incapaz de rechazarlos. Cuando por fin pude reaccionar fue para responder a aquel cálido beso con un magreo de culo. De aquel culo con el que tanto había soñado desde el día que mi novia me presentó a su hermana.

Ella había liberado sus enormes y redonditas tetas. Y no me resistí a lamerlas y sobrarlas hasta que se lanzó a por mi polla. En un abrir y cerrar de ojos la sacó por la bragueta con una la habilidad que ningún hombre es capaz de superar. Yo la tenia a punto de reventar de la presión de mis pantalones. Así que me liberé de ellos, y la obligué, sin mucho esfuerzo, a tragársela hasta que mi glande rozó el fondo se su garganta.

Podía notar su aliento sobre el vello de mi pubis. Aquello hizo que aumentara la excitación, y poniéndola a cuatro patas sobre la cama donde tantas veces había follado con su hermana hundí mi cara en su entre pierna. Mi lengua recorría todo su coñito, bien rasurado para la ocasión, sin duda. Ella gemía pidiéndome por favor que me la follara. Y así lo hice. Levante sus piernas por encima de mis hombros, y le lancé la primera estocada. Su cuerpo tembló en mis manos, pero no emitió nada más que un leve gemido. La follé como si fuese el último polvo de mi vida, el ritmo era frenético y cuando caí derrotado en la cama junto a ella, tomó el mando.

Sin sacarse mi polla de su interior me estuvo cabalgando un buen rato antes de volver a saborear aquel trozo de acero al rojo vivo. Como si de un botón de reinicio se tratase, saqué fuerzas de donde no las había y volví a atravesar aquel coño hasta casi partirla en dos. El olor a sexo flotaba en el ambiente. Los dos gemíamos. De nuevo su cuerpo se estremeció mientras ella tartamudeaba entre susurros. El final estaba cerca, pero mi polla aun quería probar lo que era estar entre esas dos enormes ubres. Coloqué mi polla entre sus dos tetazas y me puse a culear. En una posición casi imposible, ella consiguió introducirse la cabeza de mi polla en la boca. aquello fue demasiado para mi y la inundé con mi última corrida de soltero.

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