Follando a una desconocida para ganar una apuesta

Mis amigos apuestan a que no soy capaz de acabar follando a una desconocida que pase por la calle. Pero en el fono saben que llevan las de perder.

Esta era la última vez que terminaba follando a una desconocida por culpa de una apuesta. Estoy cansado de que cada vez que me junto con mis amigos en el bar, y cuando ya vamos bien cocidos, siempre, algún graciosillo suelte la misma broma: Álex, me apuesto diez pavos a que no te follas a la primera que pase por la calle. Y ahí me tienes a mi, intentando encontrar el valor en el alcohol para entrarle a una chica que probablemente no tenga nada mejor que hacer que follar conmigo.

En esta ocasión no tuve que insistir mucho, y en poco tiempo estábamos los dos en mi habitación del piso de estudiantes. Intento romper un poco el hielo, mientras analizo el cuerpo de la chica con la que me voy a acostar. Una de las reglas de la apuesta es que en ningún momento puedo saber su nombre, si no, ya no estoy follando a una desconocida. La agraciada de hoy es de complexión pequeña, con pocas tetas pero muy lanzada. En cuanto me doy cuenta nos estamos comiendo la boca. Empiezo a desnudarla, y ella se deja hacer. Decido atacar directamente a la fuente de placer que tiene entre las piernas comiéndole el coño. Ella empieza a jadear, lo que hace que mi polla, pese a los efectos del alcohol, se ponga dura y empiecen a molestarme los pantalones. Ella me ayuda a desabrocharlos y mi polla salta dura hacia arriba deseando que la acaricien sus dulces labios.

Tras un rato haciéndome una buena mamada, llega el momento de que se la meta. Y bien abierta de piernas se la voy metiendo y poco a poco voy acelerando el ritmo. Cuando siento que el final esta cerca, la pongo a cuatro patas sobre la cama y después de enculara durante un tiempo termino corriéndome sobre su culito. Una vez más, había ganado la apuesta en la que termino follando con una desconocida.

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