Aquel fin de semana, mi amiga Helena había venido a pasar unos días a mi casa, en medio del campo. Helena es una preciosa rubia, de pechos pequeños y un culito escultural. Desde que dijo que venia a visitarme no había día que no me hiciese una o dos pajas pensando en ella. Pero la realidad acabó con mi fantasía, Helena se presento en casa acompañada por su amiga Camila. Una mora igual de maciza que Helena. Pero con ella en casa, no iba a poder cumplir ese sueño erótico que me viene atormentando últimamente. O al menos eso pensaba yo, porque la mañana del sábado mientras preparaba el desayuno, pude observar como las dos amigas retozaban en el césped de jardín, y en un momento estaban comiéndose la boca la una a la otra. Deje lo que estaba haciendo y mientras continuaba espiando a mi amiga liándose con su compañera, metí mi mano dentro de los pantalones del pijama y empecé a acariciarme la polla.

Los besos se transformaron en caricias, las caricias en magreos y los magreos en un espectáculo lésbico de dos bellezones masturbándose la una a la otra en mi jardín. Llegado el momento decidieron que querían algo más de intimidad. Y cogiditas de las mano buscaron refugio en el interior de la vivienda. Se metieron en la habitación de invitados y allí continuaron su fiesta lésbica. Necesitaba encontrar la forma de seguir espiando a mi amiga mientras follaba con su novia. Así que me asomé sin hacer ruido a la puerta de la habitación, y comprobé que tenían otras cosas de las que preocuparse en lugar de hacerlo por mi presencia. Poco a poco me fui acercando más a la cama, a la vez que me iba quitando el pijama. No me lo pensé dos veces, y mientras ellas seguían a lo suyo, le metí mi dura polla a Camila por el culo. Mis embestidas le hacían soltar algún gemido de dolor, o de placer, no creo que pudiese diferenciarlos. Camila le comía el coño a Helena mientras yo seguía sin sacársela, a la vez que uno de mis dedos se intentaba interponer entre la lengua de Camila y el clítoris de Helena. Mi orgasmo estaba cerca, y las golosas amigas no dudaron en compartir el manjar blanco que salía de la punta de mi polla a modo de desayuno.

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