Enseñando a follar a una joven viciosa rubia

Me gano la vida enseñando a follar a jovencitas sin experiencia, pero en esta ocasión, la chica parece saber más que yo. Me desnudé y me subí a la cama.

Cuando me planteé hacerme gigoló, tenía claro que no quería ir por la vida follándome abuelas. Quería dedicarme a la docencia, es decir, a follarme a jovencitas vírgenes o con muy poca experiencia. EL primer día de trabajo estuve enseñando a follar a una joven viciosa rubia.

La chica había leído mi anuncio en internet, llamó y concertamos una cita. Cuando llego a mi domicilio profesional, le indiqué que iba a grabar toda la sesión para poder analizar los errores. Y aunque no se lo dije, ganarme un dinero extra vendiendo el video por internet.

Primero le pedí que se desnudara y me dejara ver su cuerpo. A la cara redondita, los ojos oscuros y el pelo rubio lo acompañaban un par de tetitas, que aunque pequeñas no estaban mal, y un coñito rasurado.

Me saqué la polla y le dije que me enseñara lo que sabia hacer. Primero la lamió como si fuera un helado y luego se la introdujo hasta el fondo de la garganta. Se la sacó de nuevo y con sus labios apretó entorno a mi capullo rosado, jugando con su lengua en el frenillo. La chica parecía saber más de lo que decía o quería aparentar.

Me desnudé y me subí a la cama con ella. Siguió mamándome y masturbándome un rato más, hasta que, tomando yo el control la abrí bien de piernas y poco a poco se la fui metiendo. Me excitaba verla tan segura de si misma, allí abierta de piernas sobre la cama, y con unos taconazos de aguja que había decidido conservar puestos.

Estaba claro que a esa chica poco le iba a enseñar, así que me puse detrás de ella y aceleré un poco el ritmo. Cuando la puse a cuatro patas con su culito en pompa, no pude evitar darle un par de palmadas, que obviando el efecto que tendrían en ella, hicieron que me corriera en cuestión de segundos.

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