Hacia poco que había comenzado el nuevo cuso, don Antonio, el anterior profesor de educación física se había jubilado y acabada de llegar su sustituto, Kevin. Es un chico fuerte, con un cuerpo marcado por el ejercicio, y era capaz de que cualquier mujer no pudiese apartar la vista de él al verlo pasar, haciendo suspirar hasta a la, vieja y medio ciega, profesora de geografía. Desde el día que lo vi sabia que tarde o temprano Kevin acabaría siendo mío, no había demasiadas profesoras en este instituto, y con diferencia yo era la más joven, así que si no le iban los tíos no iba a tener competencia.
Esa mañana llegue con le traje más provocativo que tenia en mi armario, capaz de provocar inminentes erecciones entre mis alumnos, pero mi objetivo era otro, y el parecía que lo intuía. A la hora del recreo, nos quedamos solos en la sala de profesores, él llevaba un chándal con evidentes marcar de sudor, y yo nada más verlo entrar deje escapar un suspiro de excitación. Se sentó junto a mi y me pregunto que me ocurría, yo le dije que estaba demasiado caliente y que necesitaba que alguien apagara el incendio que albergaba entre mis piernas. Acto seguido le cogí una mano y la lleva entre mis muslos, mientras con la otra empezaba a acariciar sus pectorales sobre el chándal. Me cogió de la mano y me llevó de la mano a un aula contigua que estaba vacía, y empezamos a desnudarnos entre besos llenos de pasión y caricias. El empezó a chuparme el coño y yo luego le comí la polla. Pero lo que deseaba era que me taladrara con aquella pértiga mientras temblaba de la excitación. Termino corriéndose sobre mis pechos, segundos antes de que nos pillase don Gregorio, el conserje.


