El bufé de pollas

Mis compañeras y yo solemos quedar una vez al mes, después del trabajo, para ir a algunos de los locales más cool de la ciudad. Hemos estado en spas, restaurantes, bares de copas, karaokes, centro de belleza, todo tipo de tiendas, discotecas e incluso algún sex-shop. Pero he de recocer que en sitios como al...

Mis compañeras y yo solemos quedar una vez al mes, después del trabajo, para ir a algunos de los locales más cool de la ciudad. Hemos estado en spas, restaurantes, bares de copas, karaokes, centro de belleza, todo tipo de tiendas, discotecas e incluso algún sex-shop. Pero he de recocer que en sitios como al que me llevaron ayer no había estado en mi vida.

EL local se encontraba en el barrio más pijo de la ciudad. Desde fuera parecía un bar de copas normal, pero una vez entrabas dentro se empezaban a notar las diferencias. De entrada la clientela era solo femenina. En el muro de enfrente de la puerta como si fuesen trofeos de caza se encontraban una serie de agujeros en la pared manteniendo cierta distancia unos de otros. Por cada agujero asomaba un cipote, cual asta de venado, del que colgaban dos prominentes pelotas.

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