Desvirgo a la amiga mojigata de mi mujer

No paro de tener sueños eróticos en los que desvirgo a la amiga de mi mujer. Sueños que un día se hacen realidad y terminamos en trío con mi mujer.

Todo empezó cuando mu mujer me dijo que su amiga de toda la vida era virgen. La verdad es que la chica a parte de tener un carácter difícil, no solía cuidar su imagen y trataba a los hombres como si no existieran. Pero hace unos meses que Verónica, que así se llama la amiga de mi mujer, ha pegado un cambio radical a su estilo de vida, excepto en el tema de la virginidad. Tanto a cambiado que últimamente no paro de tener sueños eróticos en los que desvirgo a la amiga de mi mujer.

El domingo por la mañana, mi mujer había quedado con verónica a desayunar. Yo que me había quedado en la cama para descansar, aprovechando mi único día de fiesta a la semana. Ademas estaba teniendo uno de esos sueños en los que desvirgo a Verónica. No paraba de oír risitas procedentes del salón y como descorchaban una botella de cava detrás de otra. Cuando se les terminó la bebida, y en estado de embriaguez, vinieron a despertarme a la habitación. Las dos se subieron en la cama, y me vaciaron el contenido de sus copas encima. Cuando abrí los ojos allí estaban las dos, mi mujer que parece menos cortada, es la que habla:

-He convencido a Verónica para que complete su cambio radical, pero lo único que le falta por cumplir yo no lo puedo hacer. Tienes que hacerlo tu.

Acto seguido se levantaron las dos y comenzaron a quitarse la ropa la una a la otra y a sobarse. Verónica muy avergonzada, ocupó el sitio que deje libre yo y de forma bastante rígida se abrió de piernas mientras mi mujer masajeaba su pechos y su entrepierna. No lo puedo creer, al final voy a ser yo el que desvirgo a Verónica, pensé. Me uní a mi esposa en la tarea de relajar a Vero a base de caricias. Poco a poco la tensión fue desapareciendo de sus músculos cuando por sorpresa se lanzó a comerme la polla que ya estaba bien dura. Ahora soy yo el que se tumba mientras mi mujer me chupa la polla y Vero me come los huevos.

La fase de calentamiento había terminado, llegó el momento en el que desvirgo a una ya desinhibida amiga de mi mujer. Ella era la protagonista, así que mientras yo la iba penetrando, mi mujer seguía acariciándole los pechos y comiéndole la boca en todo momento. Su respiración se acelera, los gemidos emanaban de su boca y su cara mostraba cierto punto de arrepentimiento. Pero todo estaba hecho, ahora solo podíamos disfrutar de una agradable mañana de sexo.

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