Desvirgando a mi cuñadita en el sofá de casa

Mi cuñadita siempre ha dicho que ella aun era virgen. Y para que la acabase desvirgando un chiquillo cualquiera, ¿porque no hacerlo yo?

La otra tarde estábamos mi cuñadita y yo sentados en el sofá de casa de mis suegros. Es igual de guapa que su hermana, se parecen mucho en la cara, los brazos, las piernas. De repente, se me ocurrió un macabro plan. Mi cuñadita siempre ha dicho que ella aun era virgen. Y para que la acabase desvirgando un chiquillo cualquiera, ¿porque no hacerlo yo?

Cuando le conté el plan, ella se preocupó más de La posibilidad de que nos mi pillase mi chica mientras las estaba desvirgando que de la locura de idea que había tenido. Mientras la iba acariciando, le iba diciendo que estuviese tranquila, que su hermana no tendría porque saberlo nunca. Poco a poco, fui metiendo mi mano entre sus piernas. Notaba como ella se iba relajando. Hasta que al final mi manita llego a su coñito virgen.

La idea de acabar desvirgando a dos hermanas me ponía. Poco a poco la fui recostando en el sofá mientras le iba quitando la ropa. A mi boca y mis manos se les amontaba la faena entre esos pechitos y su virginal coñito. Cunado empezó a gemir, sabia que ya la tenia como quería. Me baje los pantalones y ella fue directa a zamparse la polla de su cuñado favorito, en la vida habia tenido una erección tan potente. No podía evitar poner cara de asombro a la vez que de preocupación por el tamaño de mi polla.

Le pedí de nuevo que se tranquilizase. Que ella era la protagonista y que la iba a acabar desvirgando sin dolor y con mucho placer para los dos. La puse a cuatro patas y poco a poco se la fui metiendo. Ella no paraba de gemir y de soltar algún gritito, pidiéndome que no parara. Poco a poco fui acelerando el ritmo, cuando me percaté que si el coño era virgen el culito también debía de serlo. Así que una de las veces que se la saque, no pregunte y se la metí directamente por el culo. Su cuerpo temblaba, podía notar como se estremecía con cada embestida. Pero la muy zorra seguía pidiendo más.

Lo mejor lo tenia reservado para el final. La hice ponerse de rodillas, y metiéndole la polla hasta el fondo de la garganta, le solté todo el lefazo directo al estomago.

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