De buena mañana mi novia es una fiera en la cama

No hay nada como follar al despuntar el día. Y más, si tienes una novia tan lasciva y que sabe chuparla tan bien como la mía, no necesitas despertador.

Soy un tipo afortunado. La mayoría de hombres sueñan con que los despierten cada mañana con una mamada. Yo tengo la suerte de que a mi chica le encanta follar recién levantada. Con las luces del alba su cuerpo es poseído por la lujuria, y al contrario que durante el resto del día o de la noche, el deseo y la excitación dirigen sus actos.

A mi siempre me ha gustado hacerme el remolón en la cama. No madrugo sin motivo. En cuanto ella se levanta, ocupo enseguida la lado de la cama que ha dejado libre, me gusta sentir su calor latente, oler el aroma que su cuerpo ha impregnado en las sabanas y caer de nuevo en los brazos de Morfeo. Ella no tardará en regresar a la habitación, lo se, pero me encanta que me despierte de nuevo.

Esta vez no estoy dormido, aunque me lo hago. Noto su presencia mientras me observa desde la puerta de la habitación. Siento la presión de su cuerpo sobre el colchón a los pies de la cama. Como gatea entre mis piernas y como su mano rebusca entre ellas hasta liberar mi polla flácida del calzón.

Noto la humedad caliente de su boca en mi miembro, poco a poco se me va poniendo duro. Llegado un momento la erección se esta convirtiendo en algo doloroso debido a la postura. Decido dejar de hacerme el dormido y fingir un agradable despertar. Me giro sobre mi mismo, me incorporo y la abrazo.

Su mano te interpone entre nuestros sexos y me masturba lentamente. La mía se lanza a desabrocharle el vaporoso comisión con el que ha pasado la noche y atrapa uno de sus pechos. Se saca el vestido y mientras su coñito va buscando el contacto con mi polla la masturbo arrancándole los primero gemidos, que me suenan a un melódico buenos días.

Su humedad en mi mano me indica que ya esta lista. Lanzo los calzones por encima de mi cabeza y ella se dispone a cabalgar a una montura desbocada. Mi polla entra y sale de su coñito. En una de las salidas ella la agarra de nuevo, para mi desesperación la aprieta y en lugar de dejarla entrar otra vez, utiliza mi capullo para jugar con su clítoris.

Mis manos amasan sus pechos mientras ella bota con cada embestida. Está lo suficientemente caliente para quemar otra etapa. Ladeándola sobre la cama pongo la punta de mi cipote en la entrada de su culito. Con un sutil golpe de cadera se la voy introduciendo mientras sus gemidos me van indicando cuando puedo ir aumentando la intensidad de la enculada.

Cuando consigue zafarse de mi, intenta hacer que desista de mi obsesión por follarme su culito volviendo a la mamada primigenia. Con tan poderosos argumentos soy yo el que se abandona al placer y termino llenándole la boca con mi néctar entre gemidos.

Sitemap | Contacto | © 2011 Pornodosis - Adictos al porno!