Con mi cuñada madurita

Mi hermano y yo todavía vivimos con nuestros padres a pesar de que el lleva ya unos años casado, como la mansión es grande, cuando cumplimos 18 años nuestro padre nos regaló a cada uno un apartamento privado en ella de uno 120 metros cuadrados en las plantas superiores. Mi hermano y yo nunca nos...

Mi hermano y yo todavía vivimos con nuestros padres a pesar de que el lleva ya unos años casado, como la mansión es grande, cuando cumplimos 18 años nuestro padre nos regaló a cada uno un apartamento privado en ella de uno 120 metros cuadrados en las plantas superiores.

Mi hermano y yo nunca nos hemos llevado bien, quizá sea por la enorme diferencia de edad entre los dos. En cambio, con mi cuñada siempre me he llevado de maravilla.

El otro día, pude escuchar como discutían en la escalera. Tales fueron los gritos que desde la ducha me estaba enterando de las miserias del matrimonio de mi hermano. Cuando salí de la ducha y baje a tomar algo a la cocina de casa de mis padres, me encontré con mi cuñada en el recibidor de la casa. Después de saludarla, le dije que no entendía como se podía haber casado con el imbécil de mi hermano, a lo que ella me contestó que parecía que se había equivocado de hermano con el que casarse. Acto seguido empezó a comerme la boca y se subió para arriba. La enganché en mitad de las escaleras y le subí el vestido, la muy zorra no llevaba nada debajo. Seme escapó y se fue corriendo hasta su piso, yo iba corriendo detrás de ella dispuesto a darle todo lo que no le había dado mi hermano en todos estos años.

Una vez en la habitación se tumbó en la cama y yo empecé a comerle el coño a lo que ella contestó con una espectacular mamada. Pero en esos momentos lo que más me ponía era la inminente profanación del coño de mi cuñada sin que se mi hermano tuviese idea de ello. Cuando empecé a clavársela el morbo era tal que me costó horrores aguantar la corrida.

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