Amaneció mientras le estaba comiendo el coño

Entre suspiros fuer despertando, y con una de sus manos me acariciaba el pelo como invitándome a intensificar aquella comida de coño mañanera.

Cuando desperté abrazado a aquella preciosidad apenas podía distinguir si aquello era la realidad o un sueño. Una preciosa rubia, con piel suave unos pechitos de escandalo y un coñito bien apetitoso dormía junto a mi. La larga noche de sexo nos hizo caer rendidos, pero al despuntar el día mi polla bien dura hizo que me despertara con ganas de un buen desayuno.

Apenas pude acariciarla antes de hacerla girar sobre ella misma, separarle bien las piernas, y hacerle a un lado la diminuta breguita que llevaba puesta. Pude sentir como su piel se erizaba mientras mi lengua jugaba con aquel coñito depilado. Entre suspiros fuer despertando, y con una de sus manos me acariciaba el pelo como invitándome a intensificar aquella comida de coño mañanera.

Su cuerpo se contraía de placer y yo no me contuve a probar de nuevo el sabor de sus labios. Sus agiles manos se perdieron bajo mi ropa interior encontrando dentro un duro y palpitante mástil que no dudo en masturbar antes de llevárselo a la boca. los dos estábamos extremadamente excitados y nuestra respiración era entrecortada, cuando ella decidió desprenderse de ese diminuto trozo de tela que cubría su sexo y subiéndose sobre mi se introdujo de un golpe mi polla en su apretadito coño.

Su lenta cabalgado desató en mi una ansiedad desmedida para cambiar de posición y tomar el control de una frenética follada que terminaría al esparcir mi leche sobre su vientre. Aquel no había empezado de forma diferente a como había terminado el anterior, y aun nos quedaban unas cuantas horas para seguir disfrutando de nuestro cuerpos.

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