A mi vecina le gusta mi polla y a mi me gusta ella

A mi vecina le gusta mi polla. Ella es una pesada, pero desde la ultima vez que la vi se ha hecho una mujer y una experta en hacer felices a los hombres.

La vuelta al pueblo en verano suponía tres meses de aburrimiento como castigo por haber suspendido seis asignaturas. Aquí no tengo amigos, no hay nada que hacer, y encima hace un calor agobiante. La única persona de mi edad es la joven hija de los vecinos a la que no soporto pero, a mi vecina le gusta mi polla.

Cuando mi madre me dijo que había venido Laura a saludar, no pude evitar pensar en que escusa poner para deshacerme de ella. Pero cuando le vi entrar en mi habitación, esa idea desapareció de mi cabeza.

Estaba tumbado bocarriba mirando las telarañas del techo, y ella juguetona se puso a gatear desde los pies de la cama hasta quedar a la altura de mi entrepierna. La muy zorra se puso a escarbar en mis pantalones hasta que encontró mi polla, que aquellas alturas estaba ya bien dura y se la llevo a la boca para hacerme una mamada brutal.

La poca resistencia que pude oponer, más que nada por si nos pillaba mi madre, no surtió resultado y en cuestión de segundos estábamos desnudos follando como animales en mi cama del pueblo. Ella gritaba con cada embestida, si no nos habían oído ya seria de milagro, y eso a mi me excitaba cada vez más.

Desde pequeños ella había demostrado ser siempre una controladora, así que se empeñó en dirigir la follada cabalgándome. No dándome ni siquiera opción a correrme dentro. Cuando notó que me iba a correr, se saco la mi polla de su apretado culito y me estuvo masturbando de rodillas hasta que mi corrida se extendió por toda su cara.

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