A mi nueva secretaria le gusta el sexo anal

A mi nueva secretaria le gusta el sexo anal, y a mi me gusta meterle por el culo mi enorme polla mientras con la otra mano la masturbo.

Había salido de mi despacho para pedirle fuego a mi secretaria. Ella amablemente prendió su encendedor y mientras acercaba el pitillo, mirándome con sus profundos ojos claros, me dijo que la normativa prohibía fumar en los centros de trabajo. Yo sostenía su mano, tenia una piel tersa y suave. Yo le contesté que también estaba prohibido besar a los subordinados en horas de trabajo, mientras le comía la boca. Ella me dijo que ya que era el jefe y que estaba por encima de las normas, porque no me la follaba. Y es que a mi nueva secretaria le gusta el sexo anal.

En cuestión de segundos estábamos arrancándonos la ropa el uno al otro. Yo intentaba apoderarme de su enormes pechos, pero ella tomó la delantera y de rodillas empezó comiéndome la polla. A la vez que intentaba meterse mi pollón hasta el fondo de la garganta aguantado las arcadas, con una de sus manos no paraba de masturbarse, jugando con el hilo de tu tanga.

Como jefe suyo que era, le pedí que se levantar, y subiéndola sobre la mesa me dispuse a introducirle un par de deditos en el culo mientras con la otra mano la masturbaba. Noté un poco de resistencia a la fricción así que usé mi lengua para lubricar bien el proceso. Ella gemía de placer, pero si no la dilataba bien lo haría de dolor en cuanto le clavara la polla. Y así fue, en las primeras embestidas su cuerpo se retorcía de dolor, y su mirada asesina me perdonaba la vida a cambio de que siguiera follándomela. Cuando notó, que me iba acorrer, me cogió la polla y me estuvo masturbando hasta que solté mi corrida sobre su lencería, y recogiéndola pacientemente con sus deditos se la llevó la boca.

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